--
Desde el lunes pasado tengo otro motivo para sentirme melancólica cuando pienso en Ludwig.
Muy acertado, el profesor de luthería nos comentó que nosotros no éramos dueños de nuestro instrumento, sino simplemente huéspedes puntuales: Nosotros tenemos una vida físicamente limitada, pero cuando yo me vaya, Ludwig va a seguir pasando por manos y más manos, ya que a él le queda una vida (y Zeus lo quiera así) de cientos de años.
Cuanto tienes un instrumento, le tienes tanto aprecio que piensas que va a ser el definitivo, porque es tuyo, porque le quieres. Se lo prometes; pero luego no se cumple lo acordado. Sin embargo es imposible olvidarle. Esto va en recuerdo a Siol.
Las primeras manos por las que ha pasado Ludwig son las mías. Desde aquí mando un saludo a los componentes del taller de Henrich Gill, por darme el placer de conocer a este nº 464, que no sólo es un número, sino que tiene vida propia.
Me arrepiento de no haberte dado todo, ni haberme entregado al completo como mereces, desde un principio. Gracias a ti voy mejorando, y quiero conseguir que me lleves grabado en el alma, sacando de ti todo lo que pueda a la vez que tú de mí consigues lo que siempre he ansiado despertar (y que sólo he conseguido dos veces); lo que algunos han encontrado en mí y que esperan ver pronto.
Estoy orgullosa de haber sido la primera, de haberte conocido. Espero dejar en ti una huella más allá de los golpes físicos inevitables que tú y yo sabemos. Porque hemos vivido juntos muchas cosas; me has aconsejado, me has consentido; has estado ahí. Porque los abrazos no se olvidan.
Y porque vamos a vivir mucho más juntos.
--
Muy acertado, el profesor de luthería nos comentó que nosotros no éramos dueños de nuestro instrumento, sino simplemente huéspedes puntuales: Nosotros tenemos una vida físicamente limitada, pero cuando yo me vaya, Ludwig va a seguir pasando por manos y más manos, ya que a él le queda una vida (y Zeus lo quiera así) de cientos de años.
Cuanto tienes un instrumento, le tienes tanto aprecio que piensas que va a ser el definitivo, porque es tuyo, porque le quieres. Se lo prometes; pero luego no se cumple lo acordado. Sin embargo es imposible olvidarle. Esto va en recuerdo a Siol.
Las primeras manos por las que ha pasado Ludwig son las mías. Desde aquí mando un saludo a los componentes del taller de Henrich Gill, por darme el placer de conocer a este nº 464, que no sólo es un número, sino que tiene vida propia.
Me arrepiento de no haberte dado todo, ni haberme entregado al completo como mereces, desde un principio. Gracias a ti voy mejorando, y quiero conseguir que me lleves grabado en el alma, sacando de ti todo lo que pueda a la vez que tú de mí consigues lo que siempre he ansiado despertar (y que sólo he conseguido dos veces); lo que algunos han encontrado en mí y que esperan ver pronto.
Estoy orgullosa de haber sido la primera, de haberte conocido. Espero dejar en ti una huella más allá de los golpes físicos inevitables que tú y yo sabemos. Porque hemos vivido juntos muchas cosas; me has aconsejado, me has consentido; has estado ahí. Porque los abrazos no se olvidan.
Y porque vamos a vivir mucho más juntos.
--


