9 - 12 Octubre 2007
Espero que la respuesta a la duda existencial que planteo en el título sea definitivamente afirmativa.
Porque si no.. Rodarán cabezas (posiblemente la mía la primera)..
Después de cuatro días alimentándose de mi sangre, la mosquita de las narices ha muerto aplastada por una zapatilla.
Ciertamente no se cumple la promesa de que moriría de indigestión.. Qué horror.. Me he contado 1o picaduras, y posiblemente otras 10 a las que no llego a rascarme.
Doña Mosquita cada día crecía más y más.. Y de ser una simple mosquitilla o mosqueterilla, pasó a ser una mosquita o mosquetera, pasando por mosquita cojonera, hasta llegar a la fase de Gran Mosquita De Los Huevos.
Al segundo día se dejó ver las antenas, y cuando le iba a dar un soplamocos con un disco de canto gregoriano, huyó la maldita. Haciéndose la posible moribunda y provocando sólo picaduras esporádicas, no volvieron a vérsele las antenas hasta hoy, hora 21, cuando posósele en la oreja a Sir Roman.
¡Cuál fue mi sorpresa al ver de repente al buscado insecto repelente! Mas fue mayor al comprobar que la Gran Mosquita De Los Huevos había digievolucionado hasta alcanzar un tamaño increíblemente considerable, comparable a Gozilla o a algún pariente suyo. Sabiendo yo lo que suponía estar cerca de susodicho bicho (la mosquita, no Sir Roman), metíme corriendo bajo el edredón de mi cama, suplicando el perdón y pidiendo a mi caballero y salvador Sir Roman que me librase de tal monstruo que me atacaba.
Poco había de temer mi príncipe, ya que, inmune como es a todo tipo de insectos, su valentía era suprema (como la calidad de la mahonesa), y no temía a nada ni a nadie, y salvaría a su princesa por encima de cualquier cosa.
Allí que fue el caballero Sir Roman, empuñando una pantunfla. Se ha de saber que lo hubiera matado con sus propias manos, pero, por no manchar la piel que luego habría de tocar a la bella-princesita-acojonada-bajo-las-sábanas, cogió lo mejor que le vino a ellas, y eso fue una zapatilla dorada bordada con flores esmeraldas perteneciente a la damisela.
Y así fue como, agazapado entre las sombras, con arte perfecto, despacio y sin apenas moverse, Sir Roman dio muerte al dragón, y así salvó a la damisela de tal peligro, y dejó la pobre zapatilla hecha un asco y la pared llena de sangre.
Y todo por un final feliz y una historia apasionante.
Y fueron felices y comieron perdices..
FIN

Espero que la respuesta a la duda existencial que planteo en el título sea definitivamente afirmativa.
Porque si no.. Rodarán cabezas (posiblemente la mía la primera)..
Después de cuatro días alimentándose de mi sangre, la mosquita de las narices ha muerto aplastada por una zapatilla.
Ciertamente no se cumple la promesa de que moriría de indigestión.. Qué horror.. Me he contado 1o picaduras, y posiblemente otras 10 a las que no llego a rascarme.
Doña Mosquita cada día crecía más y más.. Y de ser una simple mosquitilla o mosqueterilla, pasó a ser una mosquita o mosquetera, pasando por mosquita cojonera, hasta llegar a la fase de Gran Mosquita De Los Huevos.
Al segundo día se dejó ver las antenas, y cuando le iba a dar un soplamocos con un disco de canto gregoriano, huyó la maldita. Haciéndose la posible moribunda y provocando sólo picaduras esporádicas, no volvieron a vérsele las antenas hasta hoy, hora 21, cuando posósele en la oreja a Sir Roman.
¡Cuál fue mi sorpresa al ver de repente al buscado insecto repelente! Mas fue mayor al comprobar que la Gran Mosquita De Los Huevos había digievolucionado hasta alcanzar un tamaño increíblemente considerable, comparable a Gozilla o a algún pariente suyo. Sabiendo yo lo que suponía estar cerca de susodicho bicho (la mosquita, no Sir Roman), metíme corriendo bajo el edredón de mi cama, suplicando el perdón y pidiendo a mi caballero y salvador Sir Roman que me librase de tal monstruo que me atacaba.
Poco había de temer mi príncipe, ya que, inmune como es a todo tipo de insectos, su valentía era suprema (como la calidad de la mahonesa), y no temía a nada ni a nadie, y salvaría a su princesa por encima de cualquier cosa.
Allí que fue el caballero Sir Roman, empuñando una pantunfla. Se ha de saber que lo hubiera matado con sus propias manos, pero, por no manchar la piel que luego habría de tocar a la bella-princesita-acojonada-bajo-las-sábanas, cogió lo mejor que le vino a ellas, y eso fue una zapatilla dorada bordada con flores esmeraldas perteneciente a la damisela.
Y así fue como, agazapado entre las sombras, con arte perfecto, despacio y sin apenas moverse, Sir Roman dio muerte al dragón, y así salvó a la damisela de tal peligro, y dejó la pobre zapatilla hecha un asco y la pared llena de sangre.
Y todo por un final feliz y una historia apasionante.
Y fueron felices y comieron perdices..
FIN
